Nunca fue tan hermosa la basura
Parece que uno de los síntomas clásicos del síndrome postvacacional consiste en alimentar nuestra melancolía rememorando una y otra vez aquello con lo que hemos gozado durante las vacaciones. Tal vez por eso, en estos momentos no encuentro mejor manera de afrontar septiembre que hablaros de “Nunca fue tan hermosa la basura”, el libro de José Luis Pardo que me ha acompañado en mis días de sol y playa.
El libro es una recopilación de artículos, conferencias y ensayos en los que Pardo, armado de una agudeza y frescura poco comunes entre los de su gremio, reflexiona acerca del papel del arte y del pensamiento frente a la estetización radicalmente nihilista tan propia de nuestro tiempo. La suya es una apuesta por la experiencia del sentido del mundo. Por alcanzar el saber desde el sabor.
Así, por ejemplo, en “De donde son los cantantes”, Pardo toma como punto de partida el viejo son del Trio Matamoros para decirnos cosas como estas:
“Cuando decimos que las formas- las figuras, las imágenes- son las raíces del habitar, queremos decir que la raíz, siendo lo más profundo, lo que ata al viviente a la profundidad insondable de la tierra soberana, es también lo más superficial: como un sombrero, como una fachada, como una piel. Quizá tendríamos que afinar un poco más una de estas imágenes y decir que las formas son la fachada de la casa del ser: los ritmos, los tonos, acentos, timbres, sensaciones, gestos, posturas, figuras, imágenes, canciones y cantaletas son la cara externa de nuestra morada, la piel de nuestra casa (…)
Los ritmos vienen de la superficie. De las afueras. De las inmediaciones. Los cantantes son de donde son, de donde el son, no son del ser sino del son, de donde suena el ser. Todo eso que son es lo que constituye el sabor de las palabras, de lo que están hechas las palabras, las cosas mismas. La verdad y el significado de las palabras es lo que ellos son, realidad contante y sonante, de tomo y lomo. Figuras, imágenes, ritmos, trenzados. De la loma. De la piel de la tierra.”
Os dejo también el texto de la conferencia que da título al libro, pronunciada por Pardo en el ciclo Distorsiones Urbanas organizado por Basurama en 2006.
Así perdí la Copa de Europa

El 20 de mayo de 1998 el Real Madrid ganó su séptima copa de Europa. Hacía más de 30 años que no conseguía hacerse con este trofeo, así que aquella final contra la Juventus se había convertido en una contienda de dimensiones épicas. Un auténtico partido del siglo.
Aquella tarde, mientras el Real Madrid trataba de reconciliarse con su Historia, mi amigo Rafa Suarez se enfrentaba a un reto aún mayor. Como millones de españoles, a la hora del partido Rafa encendió el televisor. Sin embargo, en lugar de sentarse frente a él, lo dio la vuelta, se plantó ante su viejo ajedrez electrónico y tras seleccionar el nivel más alto, inició una partida imposible de ganar.
Mientras el Real Madrid se imponía a la Juventus, Rafa perdía sus piezas con elegancia duchampiana. La narración del partido que sonaba de fondo, hacía todavia más evidente su derrota. Cuando a mediados del segundo tiempo, Mijatovic marcó el gol de la victoria, ya hacía un buen rato que Rafa había perdido la partida. Aquella performance, titulada “Así perdí la copa de Europa”, quedó documentada con todo detalle en un bonito libro, que no consigo encontrar por ningún lado.
A lo largo de este sofocante mes de julio, en más de una ocasión me he sentido como Rafa. No tanto por no participar de la euforia deportiva que ha invadido el país, como por no participar de la euforia en general. A pesar de su carácter popular y de que nuestros jugadores parecen realmente buena gente, asistir a semejante derroche de emociones, bajo la inclemencia del sol castellano es demasiado para mi. Y si encima está adornado con miles de banderas españolas, casi se convierte en una pesadilla. Ahora, que por fin me voy de vacaciones, espero que agosto imponga su laxitud playera, que apague las últimas voces que todavía entonan el terrible “Yo soy español” y que de una vez por todas, desaparezcan las banderas que aún cuelgan en los balcones.
Feliz agosto a todos y… ¡¡Hasta la vuelta!!
PD: Sobre la irresistible poética del fracaso, vale la pena echar un vistazo a estas Disonancias Cognitivas… son muy, muy inspiradoras.
MAC y los asesinatos de Ciudad Juárez
La semana pasada, la marca de cosméticos MAC lanzó en colaboración con Rodarte una colección de productos de maquillaje inspirada en las maquiladoras de Tijuana y Ciudad Juárez, las fábricas que se han hecho tristemente famosas por ser el lugar de trabajo de muchas de las jóvenes asesinadas en estas ciudades. La colección incluye productos como la barra de labios “Ghost Town”, los esmaltes de uñas “Quinceañera”, “Juárez” y “Factory Light” o la sombra de ojos “Bordetown” que mezcla tonos violetas y rojizos y cuya textura recuerda a la de hematomas y heridas.
Lógicamente, las reacción en blogs y redes sociales fue inmediata. Desde 1993 más de 1000 mujeres de edades comprendidas entre los 10 y los 35 años, han sido torturadas y asesinadas en esta zona. La mayoría de ellas eran jóvenes trabajadoras de las maquilas, que desaparecieron cuando volvían a sus casas o se dirigían al trabajo y aparecieron más tarde muertas en mitad del desierto. Los productos MAC no solo no denuncian esta situación, sino que la banalizan con la intención de hacer negocio.
Hoy MAC ha decidido pedir disculpas, cambiar el nombre de estos productos y donar 100.000 dólares “para ayudar a la mujer de Juárez“. Catherine Bomboy, responsable de comunicación de la compañía ha declarado: “la respuesta de la semana pasada tras el lanzamiento de la línea de maquillaje MAC Rodarte nos ha enseñado más acerca de las circunstancias sumamente difíciles de las mujeres de Juárez” :-(
Lo leí en Monkeyzen.
Be Stupid
Como a casi todo el mundo, me fastidian los listillos. Tal vez por eso, cuando el invierno pasado descubrí BE STUPID, la campaña de Diesel para la temporada primavera-verano 2010, sentí un reconfortante calor interior. La campaña, que tiene lemas tan elocuentes como “Stupid might fail. Smart doesn’t even try”, “We’re with stupid” o “Smart may have the brains, but stupid has the balls “, se basa en un gamberrismo tontorron que recuerda bastante a los Jackass. Como era de esperar, BE STUPID generó inmediatamente una cierta polémica, que aumentó al ser premiada con el Outdoor Lions en el Cannes Lions Festival 2010.
Poco después de hacerse con este premio, cuando la campaña parecía definitivamente amortizada, BE STUPID ha vuelto a cobrar notoriedad gracias a que el organismo de Autocontrol Publicitario del Reino Unido (Advertising Standards Authority, ASA) ha prohibido dos de sus anuncios por considerar sus contenidos “ofensivos, no aptos para niños y destinados a alentar un comportamiento antisocial”. Los chicos de Diesel, encantados con la nueva polémica, se han limitado a decir que los anuncios prohibidos no muestran desnudos, ni imágenes explicitas y que BE STUPID tan solo pretende ser una llamada a vivir la vida de un modo menos convencional.
Lo más curioso del caso, es que ninguno de los dos anuncios prohibidos parece especialmente estúpido. En uno de ellos, una modelo rubia sube a lo alto de una escalera para enseñar las tetas a una cámara de seguridad, en lo que podría ser una performance de inspiración situacionista. En el otro, una modelo también monísima, se levanta la braga del bikini para fotografiarse el pubis, mientras un león con evidentes malas intenciones, se aproxima a ella por la espalda. La imagen es tan compleja como uno de esos cuadros de Magritte que tanto gustan a los publicistas de todo el mundo.
Parece que en Diesel practican el viejo truco de hacer(se) el tonto y que su apuesta por la estupidez es más cosmética que real. Sin embargo, sería bonito que Diesel, o cualquier otra marca, aparcase la ironía y fuera capaz de convertir la estupidez en su bandera. Sincerarse por una vez y reconocer abiertamente que sus productos son estúpidos y que están destinados a un público estúpido. Al fin y al cabo, si de lo que se trata es de “épater le bourgeois”, nada resulta más provocativo y antisocial que la sinceridad.
Mosquitos
La noche del 29 de junio, en Madrid hacía un calor sofocante. Era una de esas noches de verano en las que los mosquitos zumban insistentes, lanzándose en picado contra cualquier fuente de luz. En noches así, nadie se libra de sus picaduras, ni siquiera los impecables modelos que nos muestra la publicidad.
Tal vez cegados por su belleza o tal vez por el brillo que despiden las marquesinas luminosas, aquella noche cientos de mosquitos se avalanzaron como kamikazes contra esos anuncios repletos de rostros de porcelana. No podían intuir siquiera que a pesar de su promesa de eterna juventud, se dirigían a una muerte segura.
Lo hicieron los de Luzinterruptus…
Andy Warhol y las cápsulas de tiempo

Desde los años 50 hasta principios de los 70′s Andy Warhol fue almacenando en cajas de cartón miles de fotografías, cartas, recortes de prensa, facturas y en general cualquier documento que pasara por sus manos. Se trataba de un gesto cotidiano, que realizaba de manera sistemática y sin una finalidad artística concreta.
Solo sus sufridos colabores conocían la existencia de estas cajas, que pronto comenzaron a ser llamadas “Time Capsules” y que permanecieron ocultas hasta su muerte en 1987. Fue entonces cuando casi por sorpresa, salieron a la luz 600 cajas de cartón idénticas, repletas de las reliquias que Warhol había acumulado durante años.
En varias ocasiones, Warhol había planteado su intención de vender las “Time Capsules”. Pensaba introducir en cada una de ellas un pequeño dibujo y vender luego todas al mismo precio, sin que los compradores pudieran conocer el contenido de cada caja. Sin embargo, finalmente nunca lo hizo y las cajas terminaron arrumbadas en un almacén hasta su muerte. Desde entonces se conservan en el Warhol Museum de Pittsburgh.
En 2005, a iniciativa de este museo se creó Time Capsule 21, una web que nos ofrece la posibilidad de explorar on-line el contenido de una de estas cajas. En ella hay, entre otras cosas, postales, tarjetas de visita, facturas, catálogos, revistas, discos, tiras de fotomatón, notas de llamadas telefónicas, negativos fotográficos, recortes de prensa relacionados con el intento de asesinato que sufrió Warhol en 1968 o la filmación de una sesión de fotos con una rubísima Debbie Harry. Un collage de tópicos warholianos, que vale la pena revisar con la misma mirada voyeur que cultivaba el propio Warhol. Evitando cualquier implicación emocional, pero saboreando cada detalle como quien espía la correspondencia de un vecino o mira a través del ojo de una cerradura.
iAd: Apple y el control de TU privacidad
Coincidiendo con la presentación del iPhone iOS4, Apple ha lanzado iAd, una plataforma de publicidad para iPhone, iPod Touch y iPad. Desde un punto de vista económico, las consecuencias de este lanzamiento son evidentes, pero al margen de ellas, iAd plantea también otro tipo de implicaciones, ya que supone una importante modificación de las políticas de privacidad de Apple respecto a sus usuarios.
Concretamente, las nuevas condiciones de uso permiten a Apple obtener y compartir información acerca de la localización de sus usuarios. En la práctica, la medida supone que Apple podrá informar a terceros acerca de donde se encuentra un usuario en un momento determinado, para que estos puedan ofrecerle publicidad. Actualmente, plataformas como Google Adsense ya ofrecen publicidad segmentada a partir de la geolocalización de nuestra dirección IP. Sin embargo, se trata de información relativa al país, región o ciudad donde nos encontremos, mientras que Apple dispondrá de nuestra geolocalización exacta.
En los próximos días, cuando un usuario de iPhone, iPad o iPod Touch acceda a iTunes o a la App Store, Apple le informará de la posibilidad de actualizar su sistema al OS 4.0. Para hacerlo deberá aceptar los nuevos términos y condiciones, obviamente escritos con el tipo de letra más pequeña que podáis imaginar. Con toda probabilidad, la mayoría firmará sin leerlos. A partir de ese momento, iAd entra en acción. Así de fácil.
No obstante, los usuarios que no quieran que Apple comparta su localización pueden desactivar esta opción accediendo desde su dispositivo a este link de Apple. De este modo, aunque serán bombardeados con tanta publicidad como el resto, podrán disfrutar por algún tiempo de una agradable sensación de clandestinidad. Algo, completamente inútil, casi poético, en un entorno cada vez más transparente a los intereses comerciales, en el que la defensa de nuestra privacidad se ha convertido en un nuevo campo de batalla.
Vía Alt1040.
Freedom from porn
Steve Jobs, CEO todopoderoso de Apple, ha iniciado en los últimos meses una insólita batalla para desterrar el porno de Internet. Todo empezó a mediados febrero, cuando sin previo aviso, se eliminaron de la App Store más de 5000 aplicaciones consideradas de contenido sexual o inapropiado. La purga, que en principio debía afectar a todas aquellas aplicaciones que incluyeran desnudos, símbolos de carácter sexual o expresiones obscenas, mantuvo sin embargo aplicaciones de sitios como Playboy.
La polémica se animó aun más a raíz de la publicación de un curioso cruce de emails entre Jobs y Ryan Tate, blogger vinculado a Gawker Media, la red de blogs propietaria de Gizmodo. En ellos, Jobs respondía a la criticas de Tate acerca de la creciente falta de libertad que sufren los desarrolladores y usuarios de iPhone y iPad, alegando que la ausencia del porno de sus dispositivos es un signo de libertad.
Son muchos, quienes consideran que las razones de Jobs para iniciar esta extraña campaña tienen menos que ver con la libertad que con el dinero. De hecho, parece que tras ella hay un evidente intento de forzar a los principales sitios porno de Internet a codificar sus vídeos en HTML5 y abandonar Flash. Algo por otro lado bastante estéril, sobre todo a partir del momento en el que Adobe decidió introducir en Flash CS5 una opción para convertir sus contenidos a formato HTML5.
En cualquier caso, la respuesta a Jobs no se ha hecho esperar. Durante la celebración de la Apple Worldwide Developers Conference de San Francisco, el evento que reúne a los sufridos desarrolladores para iPhone y iPad, los activistas de Freedom Porn, realizaron una bonita campaña de contrapublicidad consistente en modificar los anuncios del iPad con adhesivos que muestran la famosa tableta repleta de imágenes porno. Incluso, en algunas de ellas, se puede ver como un tal stevejobs69 busca compañía en AdultFriendFinder cerca de Cupertino.
Lo leí en Valleywag.
Malos

La maldad está sobrevalorada. Desde el principio de los tiempos ha gozado de una reputación inmerecida, tal vez consecuencia del misterio del que ha sabido rodearse. Enigmáticos y oscuros, los malvados siempre nos han seducido, a pesar de que quien más quien menos, ha podido comprobar como, casi siempre, tras su misterio solo se esconde estupidez.
En los últimos tiempos, han coincido circunstancias que parecían avalar este punto de vista. La maldad de Bush y sus halcones neocon, se reveló como simple idiotez frente a la bondad del apolíneo Obama. Ante una realidad compleja, la maldad se revelaba insuficiente. Eran los días en los que nuestros malos oficiales inventaban un término, y luego toda una doctrina, destinados a desprestigiar la ética de las buenas intenciones. En FAES lo llamaron Buenismo.
Ahora, en mitad de una crisis interminable, todos estos planteamientos parecen heridos de muerte. Apenas nos habíamos acostumbrado a las sonrisas y al optimismo antropológico de nuestros líderes cuando los malos vuelven para reclamar lo que consideran suyo. My Chemical Burn propone la figura emergente de José Mourinho, como ejemplo del retorno de una nueva hornada de malos, que en realidad, nunca terminaron de marcharse. Personajes chulescos, agrios y eternamente enfadados, tan metidos de su papel que no pocas veces resultan cómicos.
Como pitbulls, estos amantes de la bronca y la polémica, reparten alegremente dentelladas entre quienes les rodean. Son malos, siempre lo han sido y sabemos que no pueden dejar de serlo. Porque, como en la fábula del escorpión que cruzaba el río montado sobre una rana, sabemos que lo suyo no es una cuestión personal. Simplemente no tienen elección, es su naturaleza.
Tu vida en 2020
A finales del año pasado, la revista Forbes pidió a John Maeda, insigne gurú autor de The Laws of Simplicity, y a la consultora en innovación Frog Design, que imaginaran como será nuestra vida en 2020. Como era de esperar tratándose de Forbes, el resultado está bastante alejado de las distopías más transitadas. No busquéis en estas predicciones el menor rastro de replicantes angustiados, ni del férreo control social a través de la tecnología. A lo sumo, una leve tendencia a la sobrevigilancia, aunque nada parecido a los rigores de 1984.
En general, Maeda y Frog Design plantean una especie de nuevo humanismo tecnológico. Una forma de relacionarnos con la tecnología más madura, en la que las narrativas derivadas de propia evolución tecnológica, cederán paso a otras más orgánicas. Surgirán nuevas formas de autoría tecnológica y cultural, basadas en la iniciativa individual y en la ingobernable pasión de los amateurs, que poco a poco robarán protagonismo a las grandes corporaciones.
En 2020 la tecnología será ubicua y, por tanto, invisible. Sin embargo, los contenidos digitales, estarán donde quiera que mires. Generalmente se nos presentarán mediante formas de realidad aumentada tan ligadas a la realidad física, que nos resultará imposible distinguirlas. De hecho, nadie tratará de distinguirlas. En una de las imágenes propuestas por Frog Design, una pareja conversa despreocupadamente en un bar, mientras sobre sus cabezas flotan sus respectivos perfiles sociales. Sus aficiones, sus películas favoritas, sus amigos… trazan un mapa de miles de pequeños datos que se cruzan e intercambian buscando afinidades y anticipando tal vez, otro tipo de intercambios.
También Keiichi Matsuda, estudiante de la Bartlett School of Architecture of London, nos plantea una visión de nuestro futuro inmediato filtrada a través de la realidad aumentada. Sin embargo, su propuesta resulta algo más inquietante que la de Forbes. En Domestic Robocop, Matsuda nos muestra un universo (hyper)aumentado, en el que el branding y el consumo definen de manera absoluta nuestro entorno y nuestra identidad. Un mundo mediatizado por los signos, mucho menos optimista que el de Forbes, pero sin duda, más verosímil.
Me puso en la pista Olvido.

















