‘arte’ Categoria
Historia de dos cuadrados.
Despedí 2011 con el blog hecho unos zorros. Totalmente desconfigurado, entré en 2012 sin poder desearos feliz año y sin la convicción necesaria para hacerlo. Ahora, de vuelta a la normalidad (¿?) quiero cumplir con ese ritual y regalaros este cuento constructivista. En él, El Lissitsky explica a los infantes sovíeticos cómo dos valientes cuadrados liberan al mundo del caos y lo conducen a un nuevo orden, luminoso y, por supuesto, rojo. Aunque en este caso la historia terminó peor que el cuento, espero que os llene de entusiasmo revolucionario, y os ayude a encarar este nuevo año. Feliz 2012.
Muack!!!
Aquí os dejo la traducción al inglés del original ruso.
s[edition]
A comienzos de los 90, las primeras piezas de arte digital aportaron un soplo de aire fresco al triste panorama artístico de la época. Frente al culto al objeto y al mercado, característicos del arte de la década anterior, aquellas piezas recuperaban el carácter experimental propio del mejor arte del siglo XX. El flamante arte de los nuevos medios gozaba de un saludable espíritu crítico, ajeno a los intereses de las grandes galerías y de las casas de subastas.
Desde entonces, el arte digital ha sabido mantener su independencia, cuestionando categorías como la autoría o la idea de obra original a través de proyectos colaborativos y abiertos, en los que la participación/interacción de los espectadores/usuarios resulta fundamental. Hoy, aunque mucho más integrado en los circuitos comerciales, el arte digital continua abierto a la experimentación y a la búsqueda de nuevos lenguajes visuales.
Por supuesto, nada de esto tiene la menor relación con s[edition], la nueva plataforma de venta de ediciones artísticas digitales, que complementa las funciones de una tienda online, con las de una esquemática red social. En s[edition] podemos encontrar ediciones digitales de Damien Hirst, Tracey Emin, Bill Viola, Win Wenders o Shepard Fairey, en tiradas de entre 2.000 y 10.000 ejemplares, a precios comprendidos entre 6 y 600 €. Algo, al parecer, sedicioso y revolucionario.
S[edition] pretende ser el último eslabón de la larga tradición de ediciones de arte que, desde los primeros grabados en madera, a las ediciones Fluxus, han tratado de acercar el arte a un público más amplio. Sin embargo, a pesar de su carácter seriado y del certificado (digital) de autenticidad que acompañan cada pieza, la oferta s[edition] no responde a los principios de una verdadera edición. S[edition] solo ofrece reproducciones de piezas “analógicas”. En el mejor de los casos, arte digitalizado. Archivos digitales en los que no existe la posibilidad de distinguir entre original y copia, lo que convierte en innecesaria y vacía cualquier forma de seriación. Solo son cromos para lucir en el iPad. Nada sedicioso. Nada de nada. Nada.
Si te interesa el tema, no dejes de leer este post de Paul Waelder en Arte, cultura e innovación.
Espacios abandonados
Cárcel de Carabanchel
A menudo la red nos enseña que al otro lado del hilo hay alguien como nosotros. Filias y fobias son comunes en personas de Tokio, Alabama y Carabanchel. Yo lo descubrí con la captura de espacios abandonados.
Cárcel de Carabanchel
El espacio abandonado de hoy es la ruina romántica del pasado. El pueblo, la fábrica, la estación de tren ya olvidados son los restos arqueológicos aún frescos de nuestro tiempo. Colarse, recorrerlos y explorarlos es una experiencia inquietante donde se mezclan el miedo y la curiosidad. Son espacios donde aún se respira y se siente a la gente que los habitó, en los que trabajó y que finalmente abandonó. Al igual que yo, multitud de gente de todo el mundo ha fotografiado y fotografía estos lugares y dejan sus capturas en la red. Hay multitud de ejemplos, os pico la curiosidad con dos en castellano y dos de fuera de nuestras fronteras. Como veréis los temas son muy variados:
También podréis encontrar otros testimonios simplemente navegando en Google o en páginas como Flickr con tags como “abandonado” u “olvidado” y si probáis en inglés, los registros aumentan exponencialmente.
Belchite
Un último consejo, tened cuidado. Tras visitar alguna de estas páginas vosotros también podéis caer y os podéis encontrar después aumentando el tiempo de exposición de vuestra cámara en algún lugar oscuro y abandonado de vuestra geografía más cercana.
Belchite
Texto y fotos de Eugenio Robles para Muack.
Huevos de Oro (Reloaded)
Mañana hará tres años de la caída de Lehman Brothers, una quiebra que marcó el estallido de la burbuja financiera y con ella, el final de la abundancia. Pero aquella no fue la única burbuja que estalló aquel 15 de septiembre. Mientras Wall Street se estremecía, Damien Hirst batía en Londres todos los records de cotización del mercado de arte contemporáneo. La subasta de su obra en Sotheby’s marcaba un punto de no retorno en la espiral especulativa del mercado del arte. Una burbuja mucho más modesta que la provocada por las hipotecas subprime, pero bastante más pintoresca y divertida.
Con motivo de tan aciaga coincidencia (¿?), en diciembre de 2008, escribí para Flylosophy, proyecto en el que forjé mi espíritu bloguero, un post titulado Huevos de Oro. Ahora Flylosophy descansa en paz, y con él un buen montón de textos que trataré de ir recuperando poco a poco en este blog. Por el momento, aquí os dejo estos relucientes Huevos de Oro, que para nuestra desgracia, continúan de plena actualidad.
HUEVOS DE ORO (03/12/2008)

Junto a Bowling Green Park, a pocos metros de Wall Street, se erige orgullosa la figura de un enorme toro dorado. Es The Charging Bull, una escultura de bronce de 3200 kg, que el artista Arturo Di Modica depositó en este lugar en 1989, justo cuando la crisis bursátil del 87 empezaba a parecer definitivamente superada.
The Charging Bull simbolizaba entonces los orgullosos valores del mercado. Determinación, energía, liderazgo, fuerza y… virilidad. De hecho, el toro de Wall Street presenta tal empuje hacia adelante, que sólo el contrapeso de su enorme saco escrotal, evita que estampe su hocico contra el suelo. A finales de los 80, los enormes testículos dorados de The Charging Bull se convirtieron en el centro de gravedad del capitalismo mundial.
The Charging Bull se erigió apenas un mes después de la caída del Muro de Berlín. Corrían días de optimismo y entusiasmo para las economías occidentales, en los que Gorbachev se reunía con los líderes neocon con la mancha de la vergüenza escrita en la calva y Fukuyama anunciaba al mundo el Fin de la Historia. La Guerra Fría se había ganado y solo restaba sentarse a administrar el botín.
Cada mañana, cientos de brokers camino del trabajo, echaban una mirada de reojo a este becerro de oro y, orgullosos, sentían un tibio calor en la entrepierna. Los más afortunados, desde sus limousinas negras, percibían su fugaz reflejo dorado a través de los cristales tintados. La furia de The Charging Bull era su propia furia. Su determinación era la que les llevaba a conquistar un mundo definitivamente rendido a sus pies.

Hoy no queda nada de todo aquello. The Charging Bull continúa embistiendo al mundo, pero ya nadie le toma en serio. Turistas de todo el mundo se fotografían tocándole las pelotas, confiados en que les dará buena suerte. Su mirada furiosa, ya sólo refleja brutalidad. Una estéril exhibición de fuerza descontrolada e inútil.
Tras su apariencia terrible, el becerro de testículos dorados resultó ser tan solo la gallina de los huevos de oro.
LA MALDICIÓN DE DAMIEN
El mismo día que Lehman Brothers se declaraba en quiebra, Damien Hirst batía en Sotheby´s el récord de ventas del mercado de arte contemporáneo. En los informativos de televisión de aquel día de septiembre, las imágenes de los empleados de Lehman Brothers marchándose a casa con sus trastos metidos en una caja de cartón, compartían espacio con los tanques de formol llenos de despojos de Hirst.
La subasta de Damien Hirst en Sotheby’s marcó un hito en la comercialización del arte contemporáneo. Por primera vez, se subastaba la obra reciente de un artista, 223 piezas, sin la mediación de ningún intermediario ni galerista. “Si alguien hace dinero, que sea el artista” declaró Hirst al presentar su iniciativa. Poco importa que más tarde se descubriera que su galerista había inflado la subasta. A pesar de la crisis, o quizás gracias a ella, su resultado superó todos los pronósticos y Damien Hirst se embolsó aquel día 140 millones de euros.

La obra más importante de aquel lote era The Golden Calf, un ternero charolés de 18 meses sumergido en una urna de formol colocada sobre un pedestal de mármol de Carrara. La testuz del animal estaba coronada por un disco de oro macizo de 18 kilates. Las pezuñas, los cuernos y la propia urna también eran de oro. Los medios mostraron la pieza desde todos los ángulos posibles, aunque tan pronto como terminó la subasta, la imagen del becerro fue retirada de la web de Sotheby’s, para preservar los derechos de autor de Hirst.
Quizás deslumbrados por el brillo del oro o simplemente distraídos por la puesta en escena de Hirst, los medios de comunicación apenas prestaron atención a la propia pieza. Se habló mucho acerca de la subasta, del desorbitado precio de los lotes e incluso de si un animal disecado podía considerarse como objeto artístico, pero casi nadie parecía interesado en el significado de aquel becerro muerto. Sin embargo, más allá del dinero y de sus cualidades artísticas (… o de la ausencia de ellas), vale la pena detenerse en la historia del Becerro de Oro, una narración fundamental en muchos sentidos.

Según cuenta el Éxodo, los israelitas, en su penosa huída por el desierto, decidieron construir una deidad que les guiara y sirviera de consuelo. Aaron fue el encargado de fundir en oro la figura de un becerro, a la que inmediatamente comenzaron a rendir culto y ofrecer sacrificios. Cuando Jehová reparó en ello, enfurecido, decidió castigar la idolatría de su pueblo. Sólo la intervención de Moisés, que destruyó la figura, logró aplacar la ira divina. Desde entonces, el Becerro de Oro simboliza la idolatría y la avaricia y es considerado como una de las representaciones del diablo. Su influencia, a través de las contínuas querellas sobre la conveniencia o no de venerar las imágenes, ha sembrado nuestra Historia de cadáveres.
Aquel becerro de oro nos permite entender mejor el papel que desempeñan las imágenes en nuestra cultura. Convertidas con frecuencia en símbolos de poder, perseguidas y adoradas con vehemencia durante siglos, las imágenes que nos rodean son herederas de aquel becerro fundido en el desierto. Cuando hace unos años los talibanes hicieron saltar por los aires las figuras de los Budas de Bamiyan por considerarlos una muestra de idolatría, cuando los marines norteamericanos derribaron con sogas la estatua de Sadam en Bagdad, cuando se queman públicamente retratos de la Familia Real e incluso cuando se persigue y juzga a quienes lo hacen, estamos asistiendo a manifestaciones de ira iconoclasta similares a la que llevó a Moisés a destruir aquella figura que trató de competir con el viejo Yahveh.
Ahora, como entonces, las imágenes son el soporte simbólico sobre el que proyectamos nuestros deseos y nuestros temores. Hirst, consciente de ello, recupera la figura del becerro maldito y nosotros, como aquellos pobres judíos que en mitad del desierto se sentían abandonados por su dios, veneramos su figura, legitimada por el mercado y por unos cuantos millones de euros.
EL RETORNO DE DAMIEN

Ya se sabe, las segundas partes nunca fueron buenas. Por lo general, sólo tratan de explotar económicamente lo que quizás un día fue una buena historia. Algo así parece ocurrirle a Damien. Después de forrarse en plena crisis y llenar las pantallas del mundo entero con sus vísceras, sus calaveras y su particular retrato del diablo (o lo que quiera que sea), Damien Hirst sigue reclamando protagonismo mediático y sobre todo… dinero.
Desde la famosa subasta, Hirst ha participado en la exposición Statuephilia, llenando varias estanterías del British Museum con calaveras de colores. Sin embargo, en esta ocasión, el protagonismo mediático ha recaído en Siren, el retrato de Kate Moss que Marc Quinn ha realizado con 50 kg. de oro macizo. Oro, oro y más oro… Hirst también ha estampado con calaveras y drippings una edición limitada de pantalones y camisetas Levi’s 501. Pero ni siquiera viendo sus cráneos plantados en las posaderas de la muchachada mundial se da por satisfecho.
Su última aparición en los medios ha sido con motivo del despido de 20 trabajadores de Science LTD, la empresa de su propiedad que se encarga de la fabricación de sus piezas. Se trata de la mitad de la plantilla de sus talleres londinenses. Como cualquier otro fabricante de productos de lujo a gran escala, Hirst ha considerado necesario recortar su producción, quién sabe si para evitar la saturación del mercado en estos momentos de crisis. Puede que el próximo paso sea trasladar la fabricación de sus piezas a China, como hicieron en su momento Von Hagens y otros amantes del arte visceral.
Corren malos tiempos para la lírica, además de para las finanzas. Tiempos oscuros, estériles y banales, como la obra del propio Hirst… Tiempos marcados a fuego por aquellas palabras que, con tanta energía, repetía sin cesar la entrañable Bruja Avería: “Viva el mal, viva el capital”.
Arty Bollocks Generator
Arty Bollocks Generator es una herramienta imprescindible para artistas emergentes, críticos, curators, gestores culturales y similares, que nos permite elaborar textos artísticos suficientemente pedantes y engolados sin más que hacer un simple clic.
A pesar de que en un primer momento los textos que ofrece ABG pueden parecer algo limitados, es curioso comprobar como encajan perfectamente con los intereses de buena parte del artisteo internacional. Es más, me temo que si te dedicas a estas cosas y no encuentras un texto que se ajuste a tu perfil, tal vez tengas un problema.
Os dejo algunos ejemplos:
“My work explores the relationship between the body and multimedia experiences.
Ever since I was a student I have been fascinated by the traditional understanding of meaning. What starts out as hope soon becomes corrupted into a tragedy of lust, leaving only a sense of what could have been and the prospect of a new synthesis.”
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“My work explores the relationship between gender politics and midlife subcultures.
As spatial phenomena become transformed through emergent and critical practice, the viewer is left with an insight into the edges of our future.”
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“My work explores the relationship between postmodern discourse and skateboard ethics.
With influences as diverse as Kierkegaard and Francis Bacon, new tensions are generated from both traditional and modern textures.”
Vía Candlelightstories.
Crossroads (what to do)
Vivimos rodeados de pantallas. Lisas, brillantes y absolutamente hipnóticas, la pantallas se han convertido en las prótesis que nos mantienen conectados al flujo de información que nos rodea. Donde quiera que vayamos, las pantallas nos acompañan. De hecho, todas nuestras máquinas son, de un modo u otro, pantallas.
Tal vez por eso, tal vez por su enorme potencial icónico, cuando me he encontrado con Crossroads (what to do), la pieza de Garvin Nolte que abre este post, no he podido resistirme. Este recorrido por Berlín, guiado por 25 navegadores GPS, resulta tan metafórico, que da un poco de miedo…
Lo contaba Paloma en Uncovering Ctrl.
Immersion
Immersion es una colección de 75 retratos realizados por Robbie Cooper a niños y adolescentes mientras juegan con videojuegos como Grand Theft Auto, Call of Duty o Tekken. Las imágenes fueron captadas con ayuda de un dispositivo llamado Interrotron, que permite fotografiarlos directamente sin que en ningún momento dejen de mirar a la pantalla. A pesar de la variedad de sus expresiones (furia, alegría, indiferencia…) todas las imágenes muestran una altísima concentración.
Immersión surge a partir de Alter Ego, un trabajo anterior de Cooper, que retrata a jugadores de Second Life, World of Warcraft y otros MMORPG, junto a los avatares que los representan en estos metaversos. Mientras se documentaba para este proyecto, Cooper quedó fascinado por el modo en el que los jugadores fijaban su mirada en la pantalla. Absortos, casi sin parpadear, los jugadores pasaban horas recorriendo esos universos virtuales.
Como ellos, los niños que retrata Cooper, están perdidos en algún lugar muy lejano. Permanecen sentados ante nosotros, pero sin embargo, ya no están aquí. ¿Qué encontrarán al otro lado del espejo? ¿Quién les aguarda en el País de las Maravillas?
Jeff Koons Must Die!!
Jeff Koons Must Die!!! es un arcade, que por solo veinticinco centavos nos permite destruir la obra de Jeff Koons y al parecer, también al propio Koons. El juego es un “first person shooter”, que nos sitúa en una retrospectiva del artista armados con un bazoka. De cuando en cuando, detrás de algunas de las piezas, aparece el propio Koons o en su defecto, unas tipas que por su aspecto podrían ser galeristas, directoras de museo o algo similar. Todos van armados con bazokas similares al nuestro. A partir de entonces quien dispara primero gana.
Como puede verse en el vídeo, el juego no ofrece un aspecto muy sofisticado. Sin embargo, a pesar de su apariencia poligonal, la diversión está asegurada. Espero ansioso nuevas versiones protagonizadas por Hirst, Paul McCarthy o el pesado de Murakami.
El autor es Hunter Jonakin.
Born in 1959
En marzo 2009 se cumplieron 50 años desde que Ruth Handler diseñara la primera muñeca Barbie. Para celebrarlo, Mattel decidió invitar a más de 300 celebridades a una gran fiesta en una mansión de Malibú en la que se recreaba cada detalle del universo Barbie. Aunque es evidente que un lugar así puede ser la viva imagen del infierno, más allá de su retórica kitsch, ese pequeño mundo de plástico rosa resulta fascinante. En él cada persona y cada cosa ocupan el lugar que les corresponde. Un mundo feliz. Literalmente, La vie en rose.
Pero, ¿qué pasaría si, como nosotros, Barbie se viera afectada por el inexorable paso de los días? ¿Qué ocurriría si, por una vez, el plástico se convirtiera en carne arrugada y llena de michelines? Esta fue la propuesta a partir de la cual Kristyna Milde, creó su serie 1959, un interesante recorrido por los misterios de la transmutación de la carne.
En una entrevista publicada en el blog Estética y Dirección de Arte, la propia artista explica a Natalia Liquiñano el sentido de su trabajo:
” . .. decidí enfrentar la imagen idealizada de Barbie, estandarte del éxito del consumismo, con la realidad del día a día.
Me pregunté a mí misma cómo sería ese personaje, que vive la vida del “consumidor perfecto”, en la cincuentena. Me centré en la brecha existente entre el sueño, el ideal prefabricado del consumismo, y el verdadero proceso de envejecimiento y deterioro. Hay una foto en esta serie,1959, en la que Barbie aparece en su apartamento, celebrando su cumpleaños con un enorme pastel. En mi visión no parece Cenicienta, sino más bien la mujer de mediana edad que realmente se supone que debería ser. La realidad de la vida ha transformado su cuerpo. Es compradora compulsiva e híper-consumidora de rebajas o saldos y del espectáculo mediático. Mientras va obedeciendo las normas del perfecto consumidor se va convirtiendo también en un personaje absurdo, que cumple con el imperativo de la diversión.”
No termino de compartir las palabras de Kristyna Milde. Personalmente, esta Barbie cincuentona y obesa no me parece un personaje absurdo. Al contrario, me reconozco en sus michelines, en su consumismo compulsivo y en la neurosis que apenas disimula. Todos, de algún modo somos como ella. Carne mortal, más o menos arrugada. Comparada con la odiosa Barbie adolescente, su cuerpo hinchado y su soledad resultan llenos de misterio.
Malevitch no está muerto, vive en Barcelona
© Nicolas Malevitch
Imaginemos que Malevitch tuviera hoy 36 años, viviera en Barcelona y se encontrara a las puertas del suprematismo. ¿Cómo lo abordaría? ¿Dónde y cómo situaría sus intervenciones?…
A partir de esta idea Michel Goday desarrolla Remember Kasimir, un proyecto que mediante acciones de guerrilla, instalaciones y una buena dosis de storytelling, nos ayuda a reinterpretar el pensamiento y la obra de Malevitch, el más radical de los artistas rusos.
Muchos años después de su muerte, Malevitch continua siendo incómodo. Como en la Rusia de los años 30, sus planteamientos chocan contra una estética dominada por la vanalidad y la propaganda. A decir verdad, no auguro nada bueno para este Malevitch barcelonés, que más pronto que tarde se verá relegado a la soledad y puede que hasta a la cola del INEM.












