julio, 2010
Así perdí la Copa de Europa

El 20 de mayo de 1998 el Real Madrid ganó su séptima copa de Europa. Hacía más de 30 años que no conseguía hacerse con este trofeo, así que aquella final contra la Juventus se había convertido en una contienda de dimensiones épicas. Un auténtico partido del siglo.
Aquella tarde, mientras el Real Madrid trataba de reconciliarse con su Historia, mi amigo Rafa Suarez se enfrentaba a un reto aún mayor. Como millones de españoles, a la hora del partido Rafa encendió el televisor. Sin embargo, en lugar de sentarse frente a él, lo dio la vuelta, se plantó ante su viejo ajedrez electrónico y tras seleccionar el nivel más alto, inició una partida imposible de ganar.
Mientras el Real Madrid se imponía a la Juventus, Rafa perdía sus piezas con elegancia duchampiana. La narración del partido que sonaba de fondo, hacía todavia más evidente su derrota. Cuando a mediados del segundo tiempo, Mijatovic marcó el gol de la victoria, ya hacía un buen rato que Rafa había perdido la partida. Aquella performance, titulada “Así perdí la copa de Europa”, quedó documentada con todo detalle en un bonito libro, que no consigo encontrar por ningún lado.
A lo largo de este sofocante mes de julio, en más de una ocasión me he sentido como Rafa. No tanto por no participar de la euforia deportiva que ha invadido el país, como por no participar de la euforia en general. A pesar de su carácter popular y de que nuestros jugadores parecen realmente buena gente, asistir a semejante derroche de emociones, bajo la inclemencia del sol castellano es demasiado para mi. Y si encima está adornado con miles de banderas españolas, casi se convierte en una pesadilla. Ahora, que por fin me voy de vacaciones, espero que agosto imponga su laxitud playera, que apague las últimas voces que todavía entonan el terrible “Yo soy español” y que de una vez por todas, desaparezcan las banderas que aún cuelgan en los balcones.
Feliz agosto a todos y… ¡¡Hasta la vuelta!!
PD: Sobre la irresistible poética del fracaso, vale la pena echar un vistazo a estas Disonancias Cognitivas… son muy, muy inspiradoras.
MAC y los asesinatos de Ciudad Juárez
La semana pasada, la marca de cosméticos MAC lanzó en colaboración con Rodarte una colección de productos de maquillaje inspirada en las maquiladoras de Tijuana y Ciudad Juárez, las fábricas que se han hecho tristemente famosas por ser el lugar de trabajo de muchas de las jóvenes asesinadas en estas ciudades. La colección incluye productos como la barra de labios “Ghost Town”, los esmaltes de uñas “Quinceañera”, “Juárez” y “Factory Light” o la sombra de ojos “Bordetown” que mezcla tonos violetas y rojizos y cuya textura recuerda a la de hematomas y heridas.
Lógicamente, las reacción en blogs y redes sociales fue inmediata. Desde 1993 más de 1000 mujeres de edades comprendidas entre los 10 y los 35 años, han sido torturadas y asesinadas en esta zona. La mayoría de ellas eran jóvenes trabajadoras de las maquilas, que desaparecieron cuando volvían a sus casas o se dirigían al trabajo y aparecieron más tarde muertas en mitad del desierto. Los productos MAC no solo no denuncian esta situación, sino que la banalizan con la intención de hacer negocio.
Hoy MAC ha decidido pedir disculpas, cambiar el nombre de estos productos y donar 100.000 dólares “para ayudar a la mujer de Juárez“. Catherine Bomboy, responsable de comunicación de la compañía ha declarado: “la respuesta de la semana pasada tras el lanzamiento de la línea de maquillaje MAC Rodarte nos ha enseñado más acerca de las circunstancias sumamente difíciles de las mujeres de Juárez” :-(
Lo leí en Monkeyzen.
Be Stupid
Como a casi todo el mundo, me fastidian los listillos. Tal vez por eso, cuando el invierno pasado descubrí BE STUPID, la campaña de Diesel para la temporada primavera-verano 2010, sentí un reconfortante calor interior. La campaña, que tiene lemas tan elocuentes como “Stupid might fail. Smart doesn’t even try”, “We’re with stupid” o “Smart may have the brains, but stupid has the balls “, se basa en un gamberrismo tontorron que recuerda bastante a los Jackass. Como era de esperar, BE STUPID generó inmediatamente una cierta polémica, que aumentó al ser premiada con el Outdoor Lions en el Cannes Lions Festival 2010.
Poco después de hacerse con este premio, cuando la campaña parecía definitivamente amortizada, BE STUPID ha vuelto a cobrar notoriedad gracias a que el organismo de Autocontrol Publicitario del Reino Unido (Advertising Standards Authority, ASA) ha prohibido dos de sus anuncios por considerar sus contenidos “ofensivos, no aptos para niños y destinados a alentar un comportamiento antisocial”. Los chicos de Diesel, encantados con la nueva polémica, se han limitado a decir que los anuncios prohibidos no muestran desnudos, ni imágenes explicitas y que BE STUPID tan solo pretende ser una llamada a vivir la vida de un modo menos convencional.
Lo más curioso del caso, es que ninguno de los dos anuncios prohibidos parece especialmente estúpido. En uno de ellos, una modelo rubia sube a lo alto de una escalera para enseñar las tetas a una cámara de seguridad, en lo que podría ser una performance de inspiración situacionista. En el otro, una modelo también monísima, se levanta la braga del bikini para fotografiarse el pubis, mientras un león con evidentes malas intenciones, se aproxima a ella por la espalda. La imagen es tan compleja como uno de esos cuadros de Magritte que tanto gustan a los publicistas de todo el mundo.
Parece que en Diesel practican el viejo truco de hacer(se) el tonto y que su apuesta por la estupidez es más cosmética que real. Sin embargo, sería bonito que Diesel, o cualquier otra marca, aparcase la ironía y fuera capaz de convertir la estupidez en su bandera. Sincerarse por una vez y reconocer abiertamente que sus productos son estúpidos y que están destinados a un público estúpido. Al fin y al cabo, si de lo que se trata es de “épater le bourgeois”, nada resulta más provocativo y antisocial que la sinceridad.
Mosquitos
La noche del 29 de junio, en Madrid hacía un calor sofocante. Era una de esas noches de verano en las que los mosquitos zumban insistentes, lanzándose en picado contra cualquier fuente de luz. En noches así, nadie se libra de sus picaduras, ni siquiera los impecables modelos que nos muestra la publicidad.
Tal vez cegados por su belleza o tal vez por el brillo que despiden las marquesinas luminosas, aquella noche cientos de mosquitos se avalanzaron como kamikazes contra esos anuncios repletos de rostros de porcelana. No podían intuir siquiera que a pesar de su promesa de eterna juventud, se dirigían a una muerte segura.
Lo hicieron los de Luzinterruptus…
Andy Warhol y las cápsulas de tiempo

Desde los años 50 hasta principios de los 70′s Andy Warhol fue almacenando en cajas de cartón miles de fotografías, cartas, recortes de prensa, facturas y en general cualquier documento que pasara por sus manos. Se trataba de un gesto cotidiano, que realizaba de manera sistemática y sin una finalidad artística concreta.
Solo sus sufridos colabores conocían la existencia de estas cajas, que pronto comenzaron a ser llamadas “Time Capsules” y que permanecieron ocultas hasta su muerte en 1987. Fue entonces cuando casi por sorpresa, salieron a la luz 600 cajas de cartón idénticas, repletas de las reliquias que Warhol había acumulado durante años.
En varias ocasiones, Warhol había planteado su intención de vender las “Time Capsules”. Pensaba introducir en cada una de ellas un pequeño dibujo y vender luego todas al mismo precio, sin que los compradores pudieran conocer el contenido de cada caja. Sin embargo, finalmente nunca lo hizo y las cajas terminaron arrumbadas en un almacén hasta su muerte. Desde entonces se conservan en el Warhol Museum de Pittsburgh.
En 2005, a iniciativa de este museo se creó Time Capsule 21, una web que nos ofrece la posibilidad de explorar on-line el contenido de una de estas cajas. En ella hay, entre otras cosas, postales, tarjetas de visita, facturas, catálogos, revistas, discos, tiras de fotomatón, notas de llamadas telefónicas, negativos fotográficos, recortes de prensa relacionados con el intento de asesinato que sufrió Warhol en 1968 o la filmación de una sesión de fotos con una rubísima Debbie Harry. Un collage de tópicos warholianos, que vale la pena revisar con la misma mirada voyeur que cultivaba el propio Warhol. Evitando cualquier implicación emocional, pero saboreando cada detalle como quien espía la correspondencia de un vecino o mira a través del ojo de una cerradura.






